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Promover Masculinidades saludables es clave para la igualdad de género. Pero, ¿Cómo lo logramos?

Trabajo de reflexión en el círculo de masculinidades saludables promovido por la organización juvenil OYE localizada en El Progreso, Honduras. | Trabajo de reflexión en el círculo de masculinidades saludables promovido por la organización juvenil OYE localizada en El Progreso, Honduras. Foto: OYE Honduras

En todo el mundo, la discriminación basada en el género – es decir, las normas y los estereotipos sociales que privilegian a los hombres y socavan los derechos de las mujeres-  se traduce en múltiples barreras para la educación y la autonomía de las niñas, la participación inequitativa de las mujeres en esferas sociales, económicas y políticas y la naturalización y legitimación de la violencia de género, incluyendo matrimonios y uniones infantiles, tempranas y forzadas (MUITF).

Los impactos negativos de la discriminación basada en el género no se limitan exclusivamente a mujeres y niñas. Un modelo patriarcal de masculinidad basado en la violencia y la dominación también reproduce y profundiza problemáticas sociales que afectan especialmente a los varones, como el bullying, la depresión, el acoso y el matrimonio infantil.

Por tanto, es fundamental que las actitudes y comportamientos dañinos vinculados a la masculinidad hegemónica sean transformados positivamente, promoviendo en su lugar nuevas formas de masculinidad saludables y no violentas sostenidas en atributos como la empatía, el cuidado y el respeto.

En Global Fund for Children (GFC), en los últimos años hemos visto con entusiasmo que más y más organizaciones de base, donantes, redes regionales y otros actores comunitarios comienzan a desarrollar estrategias creativas y transformadoras para promover la justicia de género. Estos esfuerzos han creado nuevos espacios para que los niños y los jóvenes reflexionen sobre los impactos negativos de la masculinidad patriarcal al interior de sus familias y comunidades.

Ahora sabemos que, si queremos lograr la justicia de género para todos, los varones deben ser parte de la solución como aliados en la lucha por los derechos de las mujeres y las niñas.

Pero … ¿cómo logramos esto?

Como parte de mi trabajo coordinando una iniciativa regional de GFC para promover masculinidades sanas y combatir las desigualdades de género en América Latina, he tenido la fortuna de colaborar con organizaciones dispuestas a trabajar de manera profunda y sistemática con varones –especialmente niños y hombres jóvenes- para promover la justicia de género, pero que no saben cómo empezar.

Encuentro de masculinidades y juventudes en Chiapas, México, 2020. Foto: Global Fund for Children

¿Cómo mantenemos a los varones involucrados? ¿Cómo organizamos las sesiones para impulsar el cambio social? Estas son sólo algunas de las preguntas que escuchó con mayor frecuencia.

No existen fórmulas mágicas, por supuesto.

Sin embargo, después de más de siete años promoviendo espacios seguros e íntimos para niños y jóvenes de diferentes regiones, orígenes y contextos, me gustaría compartir algunos principios básicos que pueden contribuir a iluminar el camino de la transformación social a través de la promoción de masculinidades saludables:

  1. Las masculinidades saludables no son una capacitación, sino un proceso individual y colectivo para el bienestar comunitario.

A menudo, y especialmente al trabajar con niños y jóvenes, instituciones y organizaciones sociales reproducen actitudes adultocéntricas y creen que su única responsabilidad consiste en “enseñarles” a ser mejores hombres (como si los adultos tuviéramos todas las respuestas). De esta forma, transformamos el género en un «taller» o capacitación para transmitir conocimientos y conceptos que resultan demasiado abstractos y distantes de la vida de los participantes.

Si bien es importante revisar conceptos y definiciones relacionadas con el sexo y el género, es igualmente necesario activar procesos reflexivos que comiencen y terminen con los niños y con las realidades, desafíos y violencias que experimentan todos los días.

  1. La promoción de masculinidades saludables debe ser un proceso sostenido por el cuidado y la alegría.

Reflexionar sobre nuestras vidas y la violencia que los hombres hemos perpetuado y experimentado puede ser un proceso doloroso. No es fácil examinarnos a nosotros mismos y reconocer nuestros errores. Por tanto, es fundamental construir espacios basados en el respeto y el cuidado, promoviendo la confianza y la intimidad para reconocer nuestras violencias y buscar transformarlas.

A lo largo de este proceso, es fundamental reconocer avances e identificar retrocesos, dar espacio a todas las emociones que puedan surgir e identificar oportunidades para la risa y el juego.

Incorporar el arte, el juego y la creatividad en nuestras metodologías e interacciones nos permite acceder al mundo de los niños y jóvenes y conectarnos con ellos de una manera más profunda. Al mismo tiempo, probamos nuevas formas de ser y de relacionarnos como hombres, y plantamos las semillas para un mundo mejor.

  1. Las masculinidades saludables comienzan con uno mismo.

En general, me ha resultado más exitoso estructurar una sesión sobre masculinidades saludables en torno a tres momentos clave, introducidos por las siguientes preguntas:

  • ¿Quién soy? Desde muy pequeños, a los hombres se nos enseña a desapegarnos de nuestras emociones y sentimientos. Así, el primer paso es conocernos mejor y ampliar nuestro abanico de interacciones y emociones, dejándonos probar otras formas de actuar, ser y sentir sin tener miedo de que se cuestione nuestra masculinidad o nuestro valor como hombres. Podemos llorar, podemos bailar, podemos abrazarnos, podemos mirar a otros hombres a los ojos, podemos tener miedo y tener dudas. Y, cuando nos permitimos hacer todo esto frente a otros hombres, y encontramos su apoyo y comprensión, nuestro mundo cambia.
Diego, joven indígena tzeltal, miembro de la Coalición Indígena de Migrantes de Chiapas, participando en un encuentro de masculinidades y juventudes en Chiapas, México, 2020. Foto: Global Fund for Children
  • ¿Cómo puedo cambiar? Sin olvidar que el patriarcado nos afecta a todos y todas, es hora de identificar nuestros privilegios como hombres y analizar críticamente los límites que imponen los estereotipos de género. Poco a poco empezamos a reconocer que la masculinidad hegemónica es una jaula que no nos permite, ni a nosotros ni a los demás, ser verdaderamente libres. Y, además, comenzamos a reconocer que hemos lastimado a las personas que amamos solo porque a menudo necesitamos sentirnos como «hombres fuertes», por lo que buscamos controlar a las niñas y a las mujeres que forman parte de nuestra vida. Finalmente, podemos identificar colectivamente los temas sobre los que queremos reflexionar y actuar: adicciones, relaciones íntimas, violencia contra nuestra pareja, etc. Ahora entendemos que generar cambios es un proceso a largo plazo y estamos plenamente comprometidos. A través de esfuerzos diarios y tareas concretas, podemos comenzar a curarnos y cambiar.
  • ¿Cómo puedo transformar mi comunidad? Ya hemos analizado cómo el patriarcado y el machismo afectan nuestras vidas. Es hora de reflexionar críticamente sobre las formas en que este sistema se expresa en nuestras familias e instituciones sociales y pensar en nuevas estrategias para enfrentar y superar esta violencia juntos. Así, activamos un proceso de empoderamiento para que los niños y jóvenes puedan ser protagonistas del cambio y actuar como promotores comunitarios de masculinidades saludables, abriendo nuevos espacios para involucrar a sus familias y comunidades en una lucha colectiva contra las desigualdades de género.

De esta manera, trabajamos por la justicia de género y contribuimos a eliminar la violencia contra mujeres y niñas, una de las mayores pandemias globales que enfrentamos actualmente.

La promoción de masculinidades saludables, que comienza internamente, se transforma y se traduce en bienestar social.

Trabajo de reflexión en el círculo de masculinidades saludables promovido por la organización juvenil OYE localizada en El Progreso, Honduras. Foto: OYE Honduras
  1. Promover masculinidades saludables no es solo algo que haces, sino algo que te define.

Facilitar un espacio para promover masculinidades saludables requiere una enorme responsabilidad. No se trata de «transmitir conocimientos» o «ser un experto», sino de crear un espacio seguro para la reflexión compartida y el aprendizaje continuo. Como facilitadores, debemos comprometernos plenamente con el grupo para generar confianza y diálogo colectivo. Debemos ser los primeros en compartir, reflexionar y aprender. Y necesitamos la ayuda de nuestros compañeros para seguir haciéndolo.

Reconociendo que las acciones personales envían un mensaje más amplio, los facilitadores deben encarnar y abrazar sus valores, construyendo mejores relaciones y eliminando progresivamente la violencia de sus propias vidas.

Aún queda mucho por hacer, pero en GFC estamos comprometidos a apoyar y aprender de las organizaciones locales con las que nos asociamos. Estas organizaciones, desde países como Honduras, Guatemala y México, están creando espacios seguros para los niños, desarrollando programas culturalmente sensibles liderados por jóvenes, y promoviendo educación sexual integral para lograr la justicia de género.

Todos podemos ser parte del cambio. Y nos alegra ver que las juventudes comienzan a señalar el camino.

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